jueves, 19 de noviembre de 2009

VENEZUELA. Presumen que un policía mató a joven en Antímano

Supuesto PM tiene una denuncia hecha por deudos del chico en Asuntos Internos

Este martes los familiares esperaban pacientes en la medicatura (F.Sánchez)

Las primeras palabras que se le vinieron a la mente a Arlene Delgado cuando le dijeron que su muchacho estaba muerto fueron las amenazas que un supuesto efectivo de la Policía Metropolitana había gritado hacía varios meses: "¡Donde me lo encuentre se lo mato, señora!; ¡lo mato!", dijo el presunto uniformado, cuando llegó en ese tiempo a la casa de Arlene a dar la cara por su hermano.

Y es que en ese tiempo el hijo de Arlene -Jorge Palacios Delgado, de 19 años, asesinado el martes a las 7:30 p.m. en la calle Santa Helena, parte alta de Antímano- había tenido un problema con el hermano del funcionario: "Una pelea de muchachos", recordó la dolida madre.

Hace unas semanas, el supuesto uniformado había ido con unos compañeros a buscar a Jorge. Y lo persiguieron por el callejón donde vive, pero el joven pudo esconderse. "Mi tía escuchó cuando el efectivo dijo por teléfono que no lo había encontrado, que se le había escapado... y dijo que lo seguiría buscando para que no volviera a 'echarle paja'", agregó Arlene.

El efectivo se refería a la denuncia que Arlene había colocado en la Dirección de Asuntos Internos de la Policía Metropolitana cuando amenazó con matarle a Jorge luego del problema con el otro joven.

Arlene vio por última vez a su hijo el martes a las 7:30 p.m. A esa hora, ella llegaba con varios cuñetes de pintura para pintar la casa. Jorge iba de salida. "Me dijo que regresaba rápido, que saldría un rato porque tenía mucho dolor de cabeza, pero no volvió. Una vecina me vino a avisar que me lo había matado".

Este es el primer familiar que Arlene pierde a tiros. "Era mi hijo mayor... Sólo me dejaron a mi hija de 16 años y a mi pequeño de 8 años".

Ella sólo pide que lo destituyan de la filas de la Policía Metropolitana. "Pero que lo hagan de verdad porque en ese cuerpo de seguridad hay puro malandro y asesinos que vestidos de santeros hacen lo que les da la gana", agregó entre lágrimas.

Su hijo había sido despedido por reducción de personal hacía 15 días. Hasta entonces había trabajado en un automercado por Altamira. "Él ahorita sólo estaba pendiente de ayudarme a pintar la casa para diciembre", concluyó la dama.

Funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas de Caricuao tienen conocimiento del tema. Ellos, aunque no descartan ninguna hipótesis, creen que pudo tratarse de un ajuste de cuentas; de hecho, ese es el móvil que más fuerza cobra, para ellos, en la investigación, según indicó una fuente policial.

María Isoliett Iglesias
EL UNIVERSAL

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