martes, 26 de enero de 2010

VENEZUELA. Actriz ultimada en Vargas nunca tomó en serio amenazas recibidas

Tessie Alfonso y Daniela Martínez fueron mandadas a matar por celos


Caraballeda.- Cuando los amigos y conocidos recuerdan a Te-ssie Alfonzo (26), comentan sobre su personalidad extrovertida, su sensual figura y su porte, que la hacían centro de innumerables halagos.

Fue esa tipología lo que le permitía ingresar al staff de actrices eventuales del programa Radio Rochela.

Desde la infancia cultivó su amistad con Daniela Martínez Meza (27). Ambas estudiaron en el liceo Juan José Mendoza de Caraballeda. Cuando Alfonzo enfrentó problemas familiares a los 12 años, se fue a vivir con Martínez, donde fue recibida por la madre de ésta, la dirigente social Isabel Meza, quien durante años se desempeñó como presidenta de la junta parroquial de Caraballeda.

Eran entrañables amigas y compartían la mayoría de sus actividades. Una de ellas era asistir al gimnasio La Guaira Sport Gym, ubicado en la avenida La Costanera, a la altura de la urbanización Los Corales. Fue allí donde encontraron la muerte cuando fueron asesinadas por Alexis José Mijares Carrasquel, de 19 años, quien recibió la cifra de 7 mil bolívares de manos de Jubisay Milagros Yépez Rodríguez, quien mantenía una relación amorosa con el mismo hombre que Alfonzo.

"Las amenazas contra Tessie comenzaron el año pasado. La primera en enterarse fue Daniela. La persona que la llamaba le decía que debía abandonar su actual relación amorosa, pero la verdad es que ni ella ni nadie del círculo cercano le prestamos atención. Creímos que eran fanfarronerías de una mujer herida, pero tristemente hoy nos damos cuenta que no fue así", comenta una amiga del gimnasio que no quiere ser identificada.

La versión de la amiga de las jóvenes asesinadas fue confirmada por los propios familiares.

Las pistas Fue el conocimiento de las amenazas de índole pasional lo que llevó al Cicpc al rastro del autor material, la autora intelectual y sus cómplices.

Para ello se contó con las informaciones ofrecidas por la propia manzana de la discordia, un empleado de la Aduana, que sostenía relaciones con ambas mujeres y cuyo nombre se mantiene en estricta reserva por los representantes policiales.


Nadeska Noriega Ávila
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL