La llamada "masacre de La Ribereña" se produjo por un choque simple
En la avenida La Ribereña quedó el rastro de sangre de las cuatro víctimas y del carro que se dio a la fuga picando cauchos (Alexander Sanchez/El Informador)
Dicen que los resultados del reconocimiento en rueda de individuos no dejaron lugar a dudas pues la única sobreviviente de la masacre fue incontrovertible: "Fueron ellos los que nos dispararon así como si nada".
Una llamada anónima recibida en la subdelegación de Barquisimeto terminó por conducir a los detectives hasta un modesto taller mecánico situado en la localidad del municipio Pampán, en el estado Trujillo, donde reparaban la camioneta Jeep Cherokee, modelo 2009.
Testigos, entre ellos la sobreviviente y los tripulantes de un auto Chevrolet Corsa, habían referido que pasada la medianoche del domingo 5 de julio esa camioneta había colisionado contra el Hyundai Accent, gris, de segunda mano, que tripulaban los cinco jóvenes.
Los pasajeros de la Cherokee descendieron y en pocos segundos quedó materializada la matanza que conmocionó al estado Lara, ahora recordada como "la masacre de La Ribereña".
Dentro del Hyundai fallecieron a consecuencia de múltiples disparos Victoria Isabel Filippini, de 23 años, reportera ocasional de la televisora Mira TV, con sede en la ciudad de Los Teques, y sus primos Gustavo Enrique Cauro Quiroz, de 20 años; Gustavo Adolfo Vizcaya, de 24 años, y una adolescente de 17 años.
La joven Filippini había obtenido recientemente el título de licenciada en Letras y su padre le había obsequiado el auto usado como incentivo.
Victoria había acudido al estado Lara a celebrar su graduación y decidió acudir a una fiesta en el sector El Manzano. Cuando retornaban a Cabudare se toparon con sus homicidas. La versión que manejan las autoridades refiere que en la avenida Hermano Nectario María (sector La Ribereña), a cien metros del distribuidor Jirajara, los jóvenes comenzaron a realizar competencias de velocidad con los tripulantes de un Corsa. La luz roja del semáforo sorprendió a los tripulantes del Hyundai y decidieron respetar la señal, pero fueron impactados por la camioneta último modelo. Varios sujetos descendieron de la Cherokee y decidieron arreglar el choque a su manera.
"Ellos nos masacraron sin ton ni son, parecían drogados", habría revelado la sobreviviente a la fiscal 9° de Lara, Nohelia Hernández, quien solicitó una medida de protección para la única testigo del hecho.
Un móvil fútil Los investigadores luego de pasearse por numerosas hipótesis aún no se explican que el móvil del cuádruple crimen haya sido una circunstancia fútil, algo baladí, trivial e insignificante. "No hubo ninguna circunstancia que motivara esa matanza", dijo el comisario Carlos Rodríguez, jefe de la subdelegación del Cicpc de Lara.
Expertos de la División contra Homicidios que viajaron a la zona sostienen que en ocasiones los adolescentes constituyen una mayor amenaza que los adultos porque están dispuestos a matar por un tropezón, una mirada o un choque simple.
La violencia en las grandes ciudades viene acompañada de la metamorfosis en los patrones convencionales de criminalidad. El temor a ser aprehendido y castigado debido a la alta concentración de impunidad cada día atrapa más a los jóvenes. El empleo de las armas de fuego constituye otro rasgo distintivo. Las trompadas y golpes son cosas de un pasado lejano.
Todo parece servir de pretexto para que el mecanismo de resolución de los conflictos sea una Pietro Beretta aunque en este caso se refieran a las Glock que portaban miembros de la familia Gori que, según los investigadores, está conformada por una casta de raíces violentas.
De casta violenta Con un dejo de vergüenza, pero sin resquemor, el comisario Rodríguez admitió que entre los imputados por la masacre se encontraba un miembro de su propia fuerza. El inspector del Cicpc Juan Vicente Gori Castellanos (38), jefe de la Brigada de Carreteras, en la Subdelegación Mariara. "Él ya venía sonando por otros casitos", dijo uno de los investigadores policiales.
También fue imputado el sobrino del inspector Jesús Daniel Gori Alvarado (23), de profesión indefinida y quien aparece en tres registros por homicidio y otro por lesiones; Renny Javier Castellano Macintosh (18 ) y Ramón José Barrios Gori (44). Como coautoras fueron señaladas Isabel Cristina Alvarado de Gori, de 46 años y Patricia Alejandra Gori Alvarado, de 25 años de edad.
Trascendió que en la actualidad Jesús Gori Alvarado reside en Panamá pues se encuentra amenazado de muerte por parte de los familiares de sus víctimas, pero con frecuencia viaja a Venezuela. Ramón José Barrios Gori, tío del funcionario, actualmente en fuga, figura en un expediente por el delito de robo genérico. Faltan por detener Renny Javier Castellanos Macintosh (primo), de 18 años e Isabel Cristina Alvarado de Gori, madre de Jesús Daniel Gori. Trascendió que se encuentra oculta pero está localizada.
El rastreo de llamadas telefónicas permitió ubicar a los criminales al igual que a la camioneta que conducían la madrugada de los hechos.
La estrategia de la defensa se fundamenta en atribuir a los autores de la masacre una especie de demencia generada por los efectos neurotóxicos del alcohol sobre el sistema nervioso central. No obstante, las autoridades han instado a otros agraviados para que formalicen sus denuncias contra los imputados, incluso contra el inspector de la policía científica.
Los homicidas sostuvieron un altercado en la localidad de El Manzano, pero obraron con sensatez. Les propinaron unos cachazos a sus contrincantes y se marcharon hacia Cabudare.
En las próximas horas los integrantes de la familia Gori serán trasladados a una celda especial del violento penal de Tocuyito, situado en el estado Carabobo.
Gustavo Rodríguez
EL UNIVERSAL
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