Dos de los cinco detenidos por vender armas ilegalmente en Castellón, Viladecans (Barcelona), y Logroño ingresaron ayer en prisión, según aseguraron fuentes próximas al caso. La Guardia Civil ha podido averiguar que la trama cobraba casi 3.000 euros por cada pistola que colocaba en el mercado negro.
Todos los arrestados forman parte de una trama española que vendía armas a delincuentes y, posiblemente, también a terroristas internacionales. Los agentes encargados de la investigación calculan que el grupo podría haber introducido en el mercado negro más de 3.000 armas en perfecto estado a lo largo de este año.
Entre los detenidos hay, al menos, dos miembros del clan criminal familiar de los Gabarri, detenidos en Castellón. Son los dos primeros encarcelados por orden judicial. Los otros arrestados en la operación son un padre y un hijo, propietarios de una armería de Viladecans, y el propietario de un establecimiento similar en Logroño. A través de estas tiendas, obtenían las armas de fuego que luego distribuía el clan de Castellón.
Las armerías recibían armas de personas que, por motivos varios, querían dar de baja. Siguiendo los protocolos legales, las inutilizaban y, en vez de proceder a su destrucción, las vendían al clan de los Gabarri. Ellos las manipulaban hasta dejarlas totalmente limpias, preparadas y a punto para ser utilizadas.
Finalmente, los Gabarri cobraban entre 2.500 y 3.000 euros por cada arma que revendían en el mercado negro. Los compradores eran delincuentes y, según algunos indicios, podrían haber sido usadas en homicidios.
La investigación la ha coordinado la Fiscalía Anticorrupción y un juez de Gavà. Agentes especiales de la Guardia Civil de Barcelona han participado en los arrestos. La operación seguía ayer abierta.
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