AtlasMiembros de las Fuerzas Armadas vigilan la pista donde iba a aterrizar Zelaya. | Efe
- La crisis interna que vive Honduras subió un peldaño más en violencia
- Piedras y tirachinas contra rifles sólo podía acabar en tragedia
La situación se la iba detallando minuto a minuto por teléfono la cadena 'Telesur', pero casi no era necesario. Casi podía verla. El avión del ALBA y el piloto de combate venezolano pasó tan bajo y desafiante que todos los que en tierra lo aguardaban empezaron a gritar para darle la bienvenida.
Las noticias que iban llegando hasta el teléfono satélite del depuesto mandatario hablaban primero de enfrentamientos, luego de carga policial, más tarde las ráfagas con armas de fuego y finalmente de un muerto, un muchacho de 19 años que estaba entre los manifestantes. En medio de la confusión sus amigos lo sacaron de allí a duras penas y con un balazo en la cabeza y restos de masa encefálica regados por todas partes. El Golpe de Estado se cobraba su primera víctima.
Ahí terminaron las manifestaciones y los intentos del Jet venezolano por aterrizar. Todo a la vez. Una par de vueltas sobre el aeropuerto y el avión desapareció en el cristalino cielo centroamericano camino de Nicaragua después de que varios camiones atravesados en la pista de aterrizaje le impidieran tocar tierra.
La crisis interna que vive Honduras subió un peldaño más en violencia, tensión y desgobierno y ha puesto al país al borde de una fractura tan evidente que ni dentro ni fuera del país saben como enfrentar. De los golpes con la culata a los disparos, de los gases lacrimógenos a los francotiradores y de la calma tensa al toque de queda.
También a los insultos y las groserías. Los que intercambiaron la torre de control y el piloto del avión de Zelaya cuando este irrumpió en el espacio aéreo hondureño y los helicópteros, como moscardones alrededor de un pastel, comenzaron a dar vueltas de forma nerviosa sobre Toncontín (aeropuerto de Tegucigalpa)
A la misma hora en que Zelaya despegaba de Wasghinton, un segundo avión salía en dirección a San Salvador con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza y los presidentes Rafael Correa (Ecuador) Cristina Kirchner (Argentina) y Fernando Lugo (Paraguay) a bordo. Una frenética combinación de aviones a los que se sumaron los helicópteros del Ejército hondureño.
Pero ayer fue el día de las radios y las televisiones que emitían por banda ancha y en directo, una película que se desarrollaba en diferentes escenarios, que cambiaba a cada momento y que incorporaba protagonistas cada minuto.
Los escenarios eran tres. Por un lado Washington desde donde partió el avión con Zelaya y otras 16 personas más. Del avión decidieron bajarse a última hora Insulza y los presidentes Kirchner, Correa y Lugo pero se subió el sacerdote Miguel D’Escoto uno de los viejos líderes del sandinismo ahora secretario de la ONU, durante la presidencia en turno que le corresponde a Nicaragua. En el segundo escenario, el aeropuerto de Toncontín había militares, muchos militares que cerraron todas las calles de carretera de acceso para impedir la llegada de los miles de simpatizantes de Zelaya, concentrados en un tercer lugar, la Universidad Pedagógica de la capital.
Al recinto universitario fueron llegando poco a poco, nada más levantarse el toque de queda y asomar los primeros rayos del sol, miles de personas venidas de todo el país con mucha dificultad y cansancio. Pero si los escenarios eran múltiples también los protagonistas variaban con el paso de las horas.
A los ya conocidos, se sumó el embajador de Nicaragua ante la OEA, Néstor Moncada, quien poco antes ante la OEA aseguró que el gobierno golpista de Micheletti estaba gestando "planes macabros" para involucrar a Nicaragua, Venezuela y Cuba en actos de violencia dirigidos a causar víctimas entre la población. Según Nicaragua, Micheletti está preparando "evidencias falsas" contra esos tres países, a los que acusó de estar proporcionando armas a grupos bélicos en Honduras.
"Nicaragua quiere desmentir que no es cierto que nuestro país, Cuba o Venezuela estén suministrado armas a ningún grupo" insistió el representante sandinista. Pero realidad o no, el tiempo dirá, ayer las únicas balas que aparecieron llevaban el color verde olivo de Micheletti.
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