viernes, 10 de julio de 2009

El atracador que asesinó a dos policías se fuga de la cárcel aprovechando un permiso

El interno había cumplido 13 de los 25 años de condena sin pisar la calle pero desde noviembre ha podido disfrutar de cuatro salidas hasta que en la de junio rompió la pulsera GPS y ya no regresó

La cárcel de Villena JESÚS CRUCES
PÉREZ GIL

Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado buscan a un peligroso atracador que no ha regresado a la cárcel de Villena tras un permiso de seis días, el quinto del que disfrutaba después de cumplir 13 años de los 25 de condena sin haber pisado la calle. Se trata de Giorgio Eduardo Rodríguez Dip, de 50 años y nacionalidad argentina, uno de los cuatro atracadores que participó en el asesinato con alevosía de dos agentes de la Policía Local de Córdoba.

Los hechos se produjeron en diciembre de 1996. La banda de la nariz -así se conocía a sus miembros por utilizar bigotes y narices falsas- asaltaron una oficina principal del Banco de Santander. Se llevaron 50 millones de pesetas y tomaron como rehén al guarda de seguridad. Pero en su huida se metieron en un atasco y la llegada de una patrulla de la Policía Local los dejó acorralados en la plaza de la Merced.

Fue entonces cuando uno de ellos, Claudio Lavazza, bajó del vehículo con una metralleta y acribilló a las policías Ángeles García y María Soledad Muñoz en el interior del coche patrulla sin darles posibilidad alguna de defensa. Minutos después Policía Nacional y Guardia Civil detenían a tres de ellos a escasos metros del lugar del crimen tras un espectacular tiroteo en el que dos atracadores, dos agentes y el guarda jurado resultaron heridos.

Por la tarde la Guardia Civil detuvo al último de los delincuentes, Claudio Lavazza, que en 2001 también fue condenado por un juzgado de lo Penal de Elche a cinco años de cárcel por ocultar un arsenal de armas en un piso alquilado de Santa Pola además de cometer varias estafas y falsificar documentación.

El preso que ha quebrantado la condena en la prisión de Villena, Giorgio Eduardo Rodríguez, se marchó por última vez de permiso el pasado 20 de junio con la obligación de regresar a los seis días. Al igual que en las cuatro ocasiones anteriores los funcionarios le habían colocado una pulsera GPS para tenerlo localizado en todo momento.

El mismo día en el que finalizaba el plazo autorizado para la salida, la alarma de la pulsera se activó de forma automática.

Tras recibirse el aviso en la central de Madrid, el departamento de Instituciones Penitenciarias encargado del control telemático de los reclusos trasladó la información a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Poco tiempo después los agentes localizaban la pulsera rota y abandonada en un descampado de una población de Murcia. Desde entonces la Policía Nacional y la Guardia Civil lo buscan por todo el país.

El prófugo llegó al centro penitenciario Alicante II de Villena procedente de la cárcel de Topas en noviembre de 2006 y, según fuentes penitenciarias, se adaptó con rapidez mostrando un comportamiento bueno. Incluso aseguró en varias ocasiones estar arrepentido por los "errores" que había cometido en su vida. Estaba ingresado en el MER 1, un Módulo de Educación y Respeto sujeto a normas rigurosas que conllevan un régimen más suave, donde llegó a dar clases a otros reclusos.

Sin embargo desde círculos policiales se le considera un atracador "frío y peligroso" con una larga lista de asaltos. De hecho sufrió varias heridas de bala y una de ellas le provocó una parálisis en la mano. Los cinco permisos que se le han concedido se han ajustado a la más estricta legalidad. Había superado en cinco años la cuarta parte de la condena impuesta y todos los informes técnicos y jurídicos eran favorables a autorizar su salida controlada.

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