lunes, 29 de diciembre de 2008

VENEZUELA. Ocho jóvenes asesinados en 4 hechos


De viernes a domingo entraron a Bello Monte 49 personas asesinadas

Los familiares de Juan José Bermúdez ayudaron a cargar el cuerpo para que el Cicpc se lo llevara luego a la morgue (Fernando Sánchez)


Él no quería ir a la fiesta, pero lo hizo. Tanta fue la insistencia de varios de sus amigos, que a las 10:30 de la noche del sábado Juan José Bermúdez, de 31 años salió de la cama, se lavó la cara para quitarse de golpe el sueño, se arregló y se enrumbó hasta la parte alta del sector Agua China, en la carretera vieja Caracas-Los Teques, a unos quince años que se celebraban en una casa sin número.

A la 1:30 de la mañana, según recuerdan los que allí estuvieron empezó un tiroteo. Las seguidas detonaciones de dos ráfagas interrumpieron el reggaetón que a esa hora retumbaba en la casa... y los gritos de desesperación y miedo suplantaron las risas que hasta esa hora reinaban en la celebración.

Dos jóvenes llegaron empuñando cada uno un arma. Buscaban, según dijeron, a Juan José, conocido también como "Pachulo". Cuando lo encontraron lo acribillaron.

Pero en el tiroteo, otro joven murió. Félix Antonio Azócar, de 23 años. Él nada tenía que ver con el supuesto problema que "Pachulo" pudo tener con los dos jóvenes que llegaron a buscarlo para matarlo, pero estaba mal ubicado cuando empezó la balacera, y un proyectil lo alcanzó y aunque dio tiempo de llevarlo hasta el CDI de Macarao, no hubo mucho que hacer por él. El daño que produjo la bala fue mortal.

Según se pudo conocer, Félix salió de la casa porque adentro hacía mucho calor. Cuando estaba afuera, empezó el tiroteo y no le dio tiempo de guarecerse en ninguna parte.

A Juan José intentaron llevarlo también hasta algún centro asistencial. Las mujeres, amigas y familiares del hombre, lo cargaron y empezaron a bajar el cerro con el delgado y alto hombre a cuestas. Y lograron llegar hasta la entrada del sector Agua China, pero no encontraron algún modo de sacarlo de allí. Y ahí se desangró.

Gritos desgarradores En la mañana, las primas, las hermanas y hasta la esposa de Juan José lo rodeaban en la falda del cerro donde quedó. Lloraban, gemían y gritaban.

Algunas no sabían qué había pasado, sólo lamentaban la pérdida a grito en cuello.

Cuando los funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas comenzaron a mover el cuerpo de Juan José para contar el número de tiros y especificar el lugar de las heridas, la ma- dre del muchacho se desmayó. Cuando reaccionó, sólo gritaba: "Yo ya no quiero vivir, me quiero ir con mi muchacho".

En la balacera, un tío de Juan José también resultó herido. Convalece en el hospital Miguel Pérez Carreño.

Navidad muy roja Como Juan José y Félix, otros seis jóvenes murieron en tres tiroteos en Carapita y Antímano. Todos ocurrieron durante la madrugada del domingo.

Según se pudo conocer, en Caracas, tirados en la calle, amanecieron ayer por lo menos 10 cuerpos, todos jóvenes muertos a tiros.

En la morgue de Bello Monte, los cuerpos de otros 17 muchachos asesinados entraron desde las 4:00 de la tarde del sábado hasta las 8:00 am del domingo. Es así como entre sábado y domingo murieron a tiros unos 27 caraqueños.

Esa cifra aumentó la cuenta del fin de semana -desde las 8:00 am del viernes hasta las 12 del mediodía del domingo- a 49 personas asesinadas en Caracas.

Los casos como el de Juan José nutrieron el número de ingresos a la morgue de Bello Monte para cerrar ayer con 509 casos en todo diciembre. Ese número incluye, además de los homicidios, muertes por determinar, naturales y accidentes de tránsito. Pero, según indicaron extraoficialmente, 75% del total es a tiros.

El lunes pasado, 22 de diciembre empezó la semana con 360 ingresos, según se conoció extraoficialmente, sumándose al domingo, 149 muertes al total.

Durante la Navidad, pasaron por la medicatura, en su mayoría, familiares como los de Juan José y los de Félix que lloraban desconsolados por la falta de policías, de vigilancia y justicia que reina en Caracas y en buena parte de Venezuela.

El clamor de todos, sin excepción, iba dirigido a las autoridades competentes. Todos pedían y exigían acabar con la criminalidad y la impunidad. Algunos lo hacían llenos de esperanzas, otros sólo por decir algo. Éstos últimos remataban la repetida frase diciendo: "¿para qué perder el tiempo con algún llamado?, si de todas maneras nadie va a hacer nada para que los muertos dejen de ser un simple número".

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