La mayoría de las motos no vuelven a aparecer pues son desarmadas
Muchos de los motorizados que se resisten a entregar el vehículo acaban muertos a manos de los asaltantes (Fernando Sánchez)
El gremio de los motorizados fue el más azotado por la delincuencia durante el año que está por concluir, pues hasta el pasado 15 de diciembre las autoridades habían contabilizado el asesinato de 183 conductores quienes, en su mayoría, cayeron muertos al negarse a entregar las unidades que tripulaban.
La tendencia criminal provocó que se convirtiera en cotidiano observar en la medicatura forense de Bello Monte a jóvenes que portaban debajo de sus brazos un casco. Se trataba de compañeros de trabajo o de simples mototaxistas que acudían a la morgue para enterarse de los pormenores del suceso.
El caso más emblemático ocurrió el pasado mes de noviembre cuando asesinaron a cuatro motorizados en el sector La Cancha de Gramovén. Un cuarteto de jóvenes con edades que oscilaban entre los 18 y 22 años de edad fue atacado por miembros de una banda de asaltantes para ser despojados de motocicletas cuyo valor no supera los tres mil bolívares fuertes. Una de las víctimas ni siquiera había aprendido a conducir. Por ello su motocicleta era tripulada por uno de sus amigos quien logró salvarse.
Un evento similar ocurrió en el barrio Renny Ottolina de Caricuao donde cuatro jóvenes que asistían a una fiesta fueron emboscados cuando se retiraban y al negarse a entregar las motos fueron acribillados.
Durante el año 2008, en ocasiones, a las autoridades les llegaron a reportar dos asesinatos simultáneos de motorizados en diferentes arterias viales. La División de Vehículos del Cicpc contabilizó 9.450 denuncias de robos de motocicletas hasta el 15 de diciembre. La mayoría de los robos se produjo en las principales arterias viales. Las víctimas refieren que han sido interceptados por parejas de motorizados armados quienes bajo amenaza de muerte los despojan de las motos. Los asaltos se produjeron a plena luz del día.
Los detectives de la División de Vehículos de la policía científica han confirmado que la mayoría de las motos que transitan en los barrios son de procedencia dudosa. En esas zonas se han detectado bandas que se dedican exclusivamente al robo de motocicletas.
Frente al fenómeno distintos gremios de mototaxistas intentaron infructuosamente llamar la atención de los organismos del Estado. Seis protestas organizadas, tres de ellas en el sector Filas de Mariche de Petare, no tuvieron resultados. Los investigadores consideran que en cuanto a los robos de motos existe una considerable cifra negra que ronda por el 30%, pues los propietarios realizan gestiones unilaterales para recuperarlas entre las bandas delictivas.
Aun cuando no existen registros en relación con los motorizados heridos durante los robos, se estima que el número podría triplicar la cantidad de fallecidos. Es decir que al concluir el año la cantidad de motorizados lesionados se ubicará en, al menos, 550 casos.
Las motocicletas preferidas por los delincuentes son las Jaguar, Bera, Empire, entre otras. Se trata de unidades cuyos repuestos son escasos en el mercado. Por ello algunas organizaciones delictivas se encargan de robarlas o hurtarlas para suplir las necesidades del gremio. El 90% de las motos robadas no vuelven a ser recuperadas porque los delincuentes las convierten en partes y piezas que son expendidas en los barrios.
Los sectores más peligrosos de Caracas son El Valle, Petare. Mariche, Chapellín y Antímano.
La tendencia criminal provocó que se convirtiera en cotidiano observar en la medicatura forense de Bello Monte a jóvenes que portaban debajo de sus brazos un casco. Se trataba de compañeros de trabajo o de simples mototaxistas que acudían a la morgue para enterarse de los pormenores del suceso.
El caso más emblemático ocurrió el pasado mes de noviembre cuando asesinaron a cuatro motorizados en el sector La Cancha de Gramovén. Un cuarteto de jóvenes con edades que oscilaban entre los 18 y 22 años de edad fue atacado por miembros de una banda de asaltantes para ser despojados de motocicletas cuyo valor no supera los tres mil bolívares fuertes. Una de las víctimas ni siquiera había aprendido a conducir. Por ello su motocicleta era tripulada por uno de sus amigos quien logró salvarse.
Un evento similar ocurrió en el barrio Renny Ottolina de Caricuao donde cuatro jóvenes que asistían a una fiesta fueron emboscados cuando se retiraban y al negarse a entregar las motos fueron acribillados.
Durante el año 2008, en ocasiones, a las autoridades les llegaron a reportar dos asesinatos simultáneos de motorizados en diferentes arterias viales. La División de Vehículos del Cicpc contabilizó 9.450 denuncias de robos de motocicletas hasta el 15 de diciembre. La mayoría de los robos se produjo en las principales arterias viales. Las víctimas refieren que han sido interceptados por parejas de motorizados armados quienes bajo amenaza de muerte los despojan de las motos. Los asaltos se produjeron a plena luz del día.
Los detectives de la División de Vehículos de la policía científica han confirmado que la mayoría de las motos que transitan en los barrios son de procedencia dudosa. En esas zonas se han detectado bandas que se dedican exclusivamente al robo de motocicletas.
Frente al fenómeno distintos gremios de mototaxistas intentaron infructuosamente llamar la atención de los organismos del Estado. Seis protestas organizadas, tres de ellas en el sector Filas de Mariche de Petare, no tuvieron resultados. Los investigadores consideran que en cuanto a los robos de motos existe una considerable cifra negra que ronda por el 30%, pues los propietarios realizan gestiones unilaterales para recuperarlas entre las bandas delictivas.
Aun cuando no existen registros en relación con los motorizados heridos durante los robos, se estima que el número podría triplicar la cantidad de fallecidos. Es decir que al concluir el año la cantidad de motorizados lesionados se ubicará en, al menos, 550 casos.
Las motocicletas preferidas por los delincuentes son las Jaguar, Bera, Empire, entre otras. Se trata de unidades cuyos repuestos son escasos en el mercado. Por ello algunas organizaciones delictivas se encargan de robarlas o hurtarlas para suplir las necesidades del gremio. El 90% de las motos robadas no vuelven a ser recuperadas porque los delincuentes las convierten en partes y piezas que son expendidas en los barrios.
Los sectores más peligrosos de Caracas son El Valle, Petare. Mariche, Chapellín y Antímano.
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