martes, 2 de septiembre de 2008

VENEZUELA. Un tiro en el estómago le segó la vida a adolescente de 14 años


Según el Cicpc, de viernes a lunes hubo 37 muertes violentas en Caracas

MARÍA ISOLIETT IGLESIAS
EL UNIVERSAL

El joven, todavía un adolescente, lo único que le repetía a su novia, en voz baja y ahogada por el dolor, como si la garganta hiciera lo posible por impedir que pronunciara alguna palabra: "no me dejes morir, ayúdame por favor. Esto duele mucho. Llama a mi mamá y a mi abuela".

Eso lo decía el muchacho de 14 años, mientras se retorcía en el regazo de su pareja e intentaba al mismo tiempo detener la sangre, que a borbotones, salía por la herida en el estómago.

Ambos iban camino al hospital Miguel Pérez Carreño y el muchacho siempre estuvo consciente. Hasta que entró en el quirófano.

Camino a la sala de cirugías, en el ascensor el chico sufrió un primer paro respiratorio, pero lo lograron estabilizar; en medio de la operación se le produjo el segundo y ese no lo soportó.

A él, según recordó su novia, quien por miedo decidió mantener su nombre bajo el más estricto anonimato a pesar de ser mayor de edad, le disparó un amigo.

Los dos habían ido a una fiesta en la parte alta de Mamera, exactamente en el sector La Acequia. Iban al cumpleaños de "Junior" un joven del sector que el sábado llegaba a su mayoría de edad.

En la reunión, recordó la muchacha, "Junior" no perdía oportunidad para pavonearse con el arma que desde hacía dos años manipulaba cuando estaba con los miembros de la banda "los Yanomamis" la cual integraba.

Pero fue a las 6:04 de la mañana cuando un tiro se le disparó, dicen los que vieron todo, fue sin querer. La bala alcanzó al adolescente directamente en el estómago.

"Yo no vi cuándo pasó, porque él salió primero, yo me tardé un poco más. Cuando escuché la detonación salí corriendo y lo vi tirado en el piso", dijo la chica con los ojos cansados y la voz aún más.

"Junior" ayudó a la muchacha a llevar al jovencito hasta el hospital y allí se quedó pendiente de su amigo hasta que murió. En ese momento y porque los policías de guardia comenzaron a interrogar a la muchacha, él huyó. Hasta ahora son sólo rumores del sitio donde se guarece: dicen que está en Yaracuy, o en Valencia, o en Lara o en Mérida; nadie lo sabe.

El muchacho este fin de semana fue de los 37 que perdieron la vida de forma violenta en Caracas desde las 8:00 am del viernes hasta la misma hora del lunes, según fuentes de la División contra Homicidios del Cicpc.

Su vida por unas matrículas

La familia de Melvin Duque, de 28 años, era poco lo que podía decir de lo que le pasó. Lo único que sí tenían claro era que la cantidad de tiros que recibió eran prácticamente incontables.

A Melvin lo encontraron muerto en el barrio Santa Eduvigis, de Catia La Mar, en Vargas, muy cerca del aeropuerto Simón Bolívar.

No tenía alguna de sus pertenencias. A pocos metros, los amigos que lo reconocieron sólo ubicaron su moto, pero sin placas. Ellos le dijeron a la familia que suponían que aquello había ocurrido porque trataron de robarlo y quizás él resistió.

Melvin había llegado a Vargas desde Barquisimeto hacía dos años. Buscaba mejorar su suerte. Vendía forros de celulares.

La hora en la que pudo ocurrir su muerte no ha quedado clara. A la familia, dijo la viuda de Melvin, Johana Antequera, le avisaron el domingo a las 8:06 de la noche. A esa hora, dijo, comenzaron los preparativos para llegar a Caracas a reclamar el cuerpo de Melvin, a colocar la denuncia ante la policía científica y a organizar el velatorio.

Como la familia de Melvin, hubo muchas este fin de semana en la morgue; aseguraban sentir la embestida de la inseguridad por primera vez. "El plan de seguridad es una farsa", repetían.

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