
De viernes a domingo se totalizaron 29 muertes violentas en Caracas, según Cicpc
Sólo pretendió servir de taxista por un rato y nada más; necesitaba completar el dinero que le hacía falta para la modesta reunión que con tanta ilusión había organizado para su nieta que ayer cumplía dos años.
Pero no lo logró, antes lo mataron. A Carlos Enrique, un tiro que lo alcanzó directo a un costado y que lo atravesó completo, le segó la vida. Un amigo que lo encontró agonizando dentro de su carro, frente a la bodega Campo Elías, en el sector El Amparo del barrio Isaías Medina Angarita, intentó llevarlo hasta el hospital de Los Magallanes, pero ya no tenía signos vitales.
Carlos había salido el sábado cerca de las 7 de la noche, tal y como solía hacer tres o cuatro veces por semana, según recordó su cuñada Yaiza Ochoa, para reunir dinero para los gastos de la casa.
Pero este sábado era especial, había decidido prestar sus servicios en la línea Los Piratas de Propatria, para reunir algo de dinero y así celebrarle el cumpleaños a la niña de sus ojos: su nieta, que ayer cumplió dos años. Desde hacía diez años, Carlos se había dedicado al oficio de taxista, pero desde hacía un tiempo sólo salía lo indispensable. Trabajaba desde las 7:00 p.m. hasta las 11:30 p.m. Ya a la medianoche estaba de regreso a su casa.
Siempre se paraba cerca de la estación del metro de Propatria, en la primera avenida. El sábado así lo hizo.
Hizo una carrera. A Yaiza no supieron decirle a qué hora la tomaron ni quiénes lo hicieron. Lo cierto es que fue localizado en El Amparo, cerca de su casa. Su esposa, sus dos hijos y su nieta esperaban a que regresara.
Carlos fue de los 29 que en Caracas murieron a tiros desde las 8:00 a.m. del viernes hasta la misma hora del domingo, así trascendió en los predios de la morgue de Bello Monte.
El domingo la familia de Carlos esperaba paciente en la sede de la medicatura y lamentaban porque aquello no debía estar sucediendo: "Hoy debimos estar celebrándole sus dos añitos a la pequeña y no preparando un velorio", dijo José Tovar.
Creyeron que decía mentirasA Eduard González García, de 26 años, lo mataron en la puerta de la casa de su tío. Los cuatro maleantes tocaron a la puerta, él los atendió.
"Epa, ¡llama a tu tío!", le ordenaron, pero su tío -Rodolfo García- no estaba y así se los hizo saber. Pero los cuatro maleantes no se sintieron satisfechos con la respuesta y uno de ellos sacó su pistola del cinto, la empuñó y la disparó contra el muchacho. Luego huyeron.
El joven, contorsionándose, se derrumbó. La sangre brotaba por su pecho y se derramaba sobre la escalera número nueve del barrio 1° de Mayo, dejando así la huella de lo que acababa de ocurrir.
A Efraín González, el padre de Eduard, le avisó su hijo menor, el único que le queda ahora. Efraín estaba en la carnicería, él y Eduard habían llegado juntos al barrio desde La Hoyada, donde habían ido a comprar películas, que luego distribuiría el muchacho. Eduard se había adelantado hasta la casa de su tío para probar la mercancía. Él pasaba sus vacaciones en Charallave, en casa de unos tíos. Allá trabajaba como colector en la buseta que maneja su tío. mii
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