martes, 30 de septiembre de 2008

ARGENTINA. Fallece suboficial de la Policía de Cordoba


El disparo provino de la escopeta policial de un compañero

Un detenido de Rufino por robo y tiroteo en Mackenna
Producto del enfrentamiento entre los ladrones y la policía, falleció el suboficial Carlos Alberto Miranda (45) por un plomo que le ingresó por la axila derecha y le provocó un paro cardíaco. Un residente de Rufino, Luis Alberto "Gordo" Correa (38), es uno de los 9 detenidos por la causa caratulada Homicidio en ocasión de robo. Según las fuentes policiales, Correa también estaría involucrado en otros hechos relacionados con agroquímicos que fueron cometidos en nuestra zona
Un policía riocuartense resultó muerto en medio de un robo que se estaba cometiendo en un campo al sur de la localidad de Washington. Carlos Alberto Miranda, suboficial de la Policía de Córdoba, prestaba servicios en la División Investigaciones y se hallaba con otros veinte hombres en un operativo para detener a una banda que estaba robando cereal en la región próxima a Vicuña Mackenna.
Mientras la banda actuaba, los policías habrían rodeado el lugar, donde un camión y tractores cargaban cereal de un silo bolsa.
A la voz de alto se habrían intercambiado disparos. Miranda cayó gravemente herido y murió en el Hospital de Mackenna. Luego la autopsia indicó que, si bien recibió varias heridas, sólo una de ellas fue mortal y corresponde a una posta disparada por una escopeta policial.
El fiscal Javier Di Santo ordenó secuestrar todas las armas de los policías que actuaron en el operativo, y también un revólver calibre 22 largo que tenía en su poder uno de los detenidos.
Desde hacía varias semanas los efectivos investigaban a una banda, basándose en los datos que obtenían de escuchas telefónicas y de seguimientos de los sospechosos.
La tarea policial se realizaba en conjunto con policías de la Departamental General Roca, ya que la zona posible del golpe de la banda estaba situada en zonas limítrofes al sudoeste de Mackenna.
Se habían abierto dos líneas de investigación y se tenía la certeza de que en estos días darían un golpe delictivo en un campo cercano a la localidad de Washington.
El lunes 22 se habría obtenido el dato preciso acerca del campo en el cual se cometería el robo y, desde ese día, todas las tardes una decena de policías se internaban en un campo ubicado a catorce kilómetros al sur de Washington, en una zona de antiguos tambos y que actualmente es explotada con siembra de soja y maíz.
Los policías, en una cifra de aproximadamente veinte hombres, estuvieron desde la tarde del miércoles 24 apostados cerca de los silos bolsa dispersos en un amplio sector del campo El Chara.

"No se veía nada"

A las dos de la madrugada del jueves 25 un camión, un automóvil y dos tractores llegaron hasta uno de los lotes y comenzaron a cargar el cereal de uno de los silos bolsa.
Allí, en medio de una noche absolutamente cerrada ("no se veía ni a un metro", comentó un funcionario judicial que recibió varios testimonios), se escucharon disparos y Miranda cayó gravemente herido.
Mientras unos lo auxiliaron y lo trasladaron hasta Vicuña Mackenna (a cincuenta kilómetros del lugar donde estaban apostados), los otros policías lograron detener a tres sospechosos, mientras al menos otros seis huyeron en medio de la noche.
Miranda sufrió un paro cardíaco porque uno de los plomos disparados por una escopeta le entró por debajo de la axila del brazo derecho (tenía colocado chaleco antibalas) y le afectó el corazón. Y si bien en el hospital trataron de estabilizarlo, a los pocos minutos falleció.
De los tres detenidos en el lugar del hecho, uno era Luis Alberto "Gordo" Correa (38), quien hace unos años reside en la ciudad de Rufino, en el popular barrio General San Martín, y que habría participaron en otros hechos delictivos de la región; mientras que los otros dos eran José Luis Frutero (58) y Rolando Córdoba (43), ambos de Venado Tuerto.
En medio de un vasto operativo en la zona, se logró la detención de otros tres sospechosos que huyeron a pie hacia distintas direcciones, y luego de otros tres más. Los nueve detenidos fueron trasladados a la cárcel de Río Cuarto.
En tanto, el fiscal Javier Di Santo se hizo presente con otros funcionarios judiciales en el lugar del tiroteo, donde realizó su labor el personal de Criminalística.

Dos sumarios

La policía trabaja en la terminación de los dos sumarios para que puedan ser elevados al Fiscal durante esta semana.
Posiblemente, la tarea sumarial finalice mañana y esto permitiría que el jueves se inicie la indagatoria a los nueve delincuentes detenidos, quienes están acusados por el delito de Homicidio en Ocasión de Robo (artículo 165 del Código Penal), que prevé una pena de 10 a 25 años.
En forma paralela a este sumario, se analiza la imputación que le corresponderá al policía que disparó la escopeta e hirió mortalmente al suboficial.
Este tramo de la investigación sería el que más ha avanzado, aunque restan los resultados de las pericias balísticas que se realizarán en la ciudad de Córdoba en los próximos días.
Para el caso del efectivo que efectuó el disparo, por las circunstancias en que el mismo se produjo, sólo cabría la acusación por un Delito Culposo, según estiman algunos.

Tomaron declaraciones

Cuatro policías testimoniaron en la Fiscalía del Doctor Javier Di Santo. Los mismos forman parte del grupo de seis agentes que estaban en el sitio donde se producía el robo del cereal.
Se estableció entonces que en este lote donde llegó la banda de delincuentes había seis policías que estaban rodeando el lugar, y que otros tres estaban más alejados, en las inmediaciones, controlando los movimientos de los ladrones.
La banda iba armada, ya que por la investigación previa que se había realizado, planeaban reducir a los ocupantes de la estancia.
Ante esta situación, los policías habían dispuesto que no permanecieran personas en el sector.
Pudo conocerse también que en el grupo de nueve efectivos ubicados en esta zona del campo había tres escopetas en manos de los agentes, quienes las utilizan habitualmente en operativos donde hay una situación de peligrosidad.
En medio de la oscuridad, una circunstancia habría hecho pensar a los policías que estaban siendo atacados por los delincuentes. Y allí, casi instintivamente, se habría disparado la escopeta cuyos gruesos perdigones entraron por el costado del chaleco antibalas e hirieron de muerte al suboficial Miranda, al impactar en zonas vitales de su organismo.

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